miércoles, 12 de diciembre de 2012

De Galicia a La Carlota: la familia Do Bao


En la actualidad, la mayor parte de los individuos que llevan en España el apellido Dobao/Dovao han nacido y residen en la provincia de Córdoba, una circunstancia ciertamente curiosa si tenemos en cuenta que se trata de un apellido de origen gallego. Todo apunta a que la versión antigua fue Do Bao, lo que podría traducirse al español como "del Vado"; haciendo referencia quizá al lugar donde residía alguno de sus primeros portadores.

Pero, ¿cuál es el motivo de este elevado número de individuos con este apellido en nuestra provincia, especialmente en los municipios de La Carlota y Santaella? Básicamente el traslado a mediados del siglo XVIII de un varón apellidado así a la ciudad de Écija. Ciertamente, no sería él el único Do Bao que haría su acto de presencia en el sur peninsular, pero sí el que es antepasado común de todos, o casi todos, los Dobao/Dovao de los referidos municipios de La Carlota y Santaella.

Para que el lector pueda hacerse una idea de la presencia tan destacada de este apellido en nuestro municipio, baste citar que concentra el 44% de todos los que lo llevan en la provincia en primer o segundo lugar; aún más, es en La Carlota donde residen los únicos siete individuos que lo poseen tanto en primero como en segundo lugar. Por otro lado, en lo que respecta a la distribución geográfica, a pesar de haber transcurrido más de dos siglos, la mayor concentración de Dobao/Dovao se localiza en los departamentos 3 y 8.

Precisamente los mismos en los que se estableció aquella primera familia en los inicios de la colonización de nuestra localidad. Conozcamos algo más sobre ella. Manuel Antonio Do Bao, que probablemente era natural de la parroquia de San Pedro de Arcos (Obispado de Lugo), circunstancia que llevó a que todos lo conocieran por el sobrenombre de el gallego se trasladó a la ciudad de Écija, donde residió y nacieron todos los hijos que tuvo de sus dos matrimonios, realizados ambos con jóvenes naturales de La Rambla.

No obstante, parece que pronto se haría con algunas aranzadas de olivar en el pago de Manchón de Mesa (uno de los varios manchones que se ubicaron en La Guijarrosa, dentro de la jurisdicción de Santaella), hecho que le llevaría a trasladar su residencia a este municipio en la década de los años sesenta; donde permaneció hasta que la puesta en marcha de las Nuevas Poblaciones. La creación de La Carlota sería vista, sin duda, como una oportunidad para progresar, de ahí que en 1774 se estableciese en el municipio con su familia; es más, incluso su hijo mayor, habido de su anterior matrimonio, años después también viviría aquí.

Tanto el mencionado hijo del primer matrimonio, Pablo Antonio Dobao Luque, como Pedro José Dobao de la Mata, nacido del segundo, serían los progenitores de todos los Dobao/Dovao actuales carloteños.


Fuente: Adolfo HAMER, “De Galicia a La Carlota: la familia Do Bao”, La Crónica de La Carlota, nº 108 (octubre de 2012), p. 13.


Juan Nieto, diputado en las Cortes de Cádiz


En este año que se conmemora el segundo centenario de la Constitución de 1812, consideramos interesante reseñar que uno de aquellos diputados que formó parte de las Cortes de Cádiz ejercía por aquel entonces como cura en La Carlota. Nos referimos a Juan Nieto y Fernández. Era natural de la ciudad de Córdoba, donde realizaría probablemente sus primeros estudios; pasando más tarde a doctorarse en Teología por la Universidad de Orihuela. Concluida su formación académica, pasó a desempeñar, como cualquier otro religioso católico secular de su época, distintos cargos eclesiásticos. Precisamente, mientras actuaba como rector y cura de la Parroquia de Villafranca de Córdoba recibió el nombramiento, con fecha de 4 de abril de 1804, de capellán mayor y vicario general de las Nuevas Poblaciones de Andalucía. Un empleo del que tomaría posesión dos meses más tarde y durante el cual sería protagonista y partícipe de uno de los momentos clave en el funcionamiento eclesiástico de estas Nuevas Poblaciones, pues por entonces se producía el traspaso de competencias en materia de provisión de oficios eclesiásticos de las autoridades civiles a las autoridades diocesanas; así como la creación de un nuevo organigrama de gestión económica. Aún más, precisamente a él le encargaría el obispo de Córdoba, don Pedro Antonio de  Trevilla, la redacción de un plan parroquial para las Nuevas Poblaciones, que éste remitiría a finales de marzo de 1806 y que el rey Carlos IV tendría a bien aprobar en mayo del año siguiente.

Durante la Guerra de la Independencia y el periodo de vigencia de las Cortes de Cádiz se mostró como un liberal convencido, aunque siempre en los márgenes de su condición de clérigo. Precisamente este hecho lo llevaría presentarse a diputado por la provincia de Córdoba, siendo elegido como tal el 6 de diciembre de 1810 y desempeñando este cargo en el periodo que va entre el 29 de diciembre de 1812 (cuando la salida de los franceses del sur de la península le permitió tomar posesión de su cargo) y el 12 de marzo de 1813, fecha en la que las Cortes anularon su elección tras haber formado parte de ellas durante dos meses y trece días. Etapa en la que su mayor logro sería el convencer a las Cortes, mediante un detallado y minucioso informe, de la conveniencia de suprimir el Fuero de las Nuevas Poblaciones y de establecer en ellas ayuntamientos constitucionales. De nuevo sería reelegido para dicho cargo entre el 21 de mayo y el 15 de julio de 1813.

Curiosamente, con el regreso del absolutismo él seguiría desempeñando su cargo en la dirección eclesiástica de las Nuevas Poblaciones de Andalucía, no constándonos que se le instruyera ningún tipo de expediente por su participación en las Cortes de Cádiz. De este modo, continuaría con su labor pastoral hasta su muerte, que tendría lugar en La Carlota el 13 de febrero de 1822; siendo enterrado en su cementerio.


Fuente: Adolfo HAMER, “Juan Nieto, diputado en las Cortes de Cádiz”, La Crónica de La Carlota, nº 109 (diciembre de 2012), p. 9. 


jueves, 15 de noviembre de 2012

Monte Alto: origen de un topónimo

La tendencia de hacer sinónimas una demarcación territorial (Departamento tercero) y la entidad de población (Monte Alto) que se extiende por la mayor parte de aquella, ha llevado a que actualmente ambos conceptos se usen indistintamente; aún cuando no sea correcto.
El Departamento tercero, que en los primeros momentos de la colonización era más extenso que en la actualidad, pues integraba también parte del Octavo, ha albergado durante sus dos siglos y medio de existencia otras entidades de población que han acabado siendo absorbidas por Monte Alto, ya que fue la que mostró mayor crecimiento.

Ahora bien, llegados a este punto, ¿por qué Monte Alto se denomina de este modo? No deja de parecer curioso para quien se interroga sobre este particular el que este núcleo diseminado se extienda por un territorio bastante llano, especialmente si trata de localizar algún monte elevado que pudiera ser el origen del topónimo. Accidente geográfico que, por más que busque, no encontrará.

La hipótesis de que su nombre derive de estar emplazado a mayor altura que el propio núcleo principal del municipio, desde el cual se vería como un "monte alto", se nos antoja poco probable. El motivo es sencillo, el territorio que se puede visualizar desde La Carlota se conoció en un primer momento como El Cirolar; y éste sólo sería asociado a Monte Alto muy avanzado ya el siglo XIX.

Todo apunta a que el topónimo que aquí nos ocupa surgió como un modo de denominar una porción concreta del Monte de los Bermejos, una extensa propiedad de casi dos mil fanegas que pertenecía a Santaella y que se incorporó al término de La Carlota durante su creación. De este modo, pensamos que se hacía referencia al monte alto de los Bermejos , que acabó siendo abreviado sólo como Monte Alto. Se trató de un territorio en el que apenas unas pocas fanegas estaban en explotación, permaneciendo el resto cubierto de un abundante encinar (monte alto) y no faltando tampoco algunas zonas de arbustos, matas e hierbas (monte bajo).

Ciertamente, a día de hoy poco queda de aquello. Los desmontes, que se prolongaron hasta los años setenta del pasado siglo XX, han hecho que sólo perduren, dispersas por el territorio, una mínima representación de aquella masa de encinas; las cuales siguen desapareciendo poco a poco por enfermedades o por el laboreo intensivo cerca de su tronco, entre otros motivos. Circunstancia que, si se suma a que, hasta la fecha, no ha existido ninguna iniciativa vecinal o institucional para promover la plantación de nuevos árboles, nos lleva a considerar que en pocas décadas todo testimonio de aquel monte alto habrá desaparecido por completo, haciendo más difícil aún de entender el origen del nombre de esta entidad.

Fuente: Adolfo HAMER, “Monte Alto: origen de un topónimo”, La Crónica de La Carlota, 109 (noviembre de 2012), p. 13.

http://www.diariocordoba.com/noticias/lacarlota/monte-alto-origen-de-un-toponimo_758791.html