jueves, 18 de agosto de 2011

Un monumento recordará a Thürriegel en Gossersdorf (Baviera, Alemania)


El domingo 31 de julio de 2011, coincidiendo con el 289 aniversario del nacimiento de Johann Kaspar von Thürriegel, tuvo lugar en su localidad natal la inauguración oficial de un monumento en su honor. Gossersdorf, pueblo integrado en el municipio bávaro de Konzell, reconoce de este modo al que, sin duda, es uno de sus hijos más destacados y conocidos; especialmente por haber permitido el establecimiento en la España de Carlos III de más de siete mil colonos centroeuropeos con los que se crearon las conocidas como Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía.

El acto, a pesar de la lluvia, transcurrió de acuerdo a lo previsto y con gran asistencia de público. Comenzó con una actuación de la banda de música, dirigida por Fritz Fuchs; la cual dio paso a continuación a sendos discursos pronunciados por el Diputado Administrador del Distrito de Straubing-Bogen, Alfred Reisinger, y por el alcalde de Konzell, Michael Kienberger. Este último agradeció especialmente a la Asociación Cultural J.K. Thürriegl su esfuerzo e interés para homenajear a este hijo de la localidad.

Tras estas intervenciones, el Dr. Alois Scmid, profesor de la Universidad Ludwig-Maximilians de Múnich, disertó sobre el que denominó como "gran hijo" de Gossersdorf.

Entre los asistentes también se encontraban algunos descendientes de los hermanos de Thürriegel, como el periodista Werner Wittig; el cual ha dedicado varios trabajos de investigación a la familia Thürriegl, y al que también se agradeció públicamente su trabajo por mantener vivo el recuerdo del coronel bávaro.

Asimismo, el padre Walter Strasser fue el encargado de dar al monumento la bendición de la Iglesia.

Finalmente, el evento se cerró con la representación de una composición musical dedicada a Thürriegel; compuesta por el director de la banda y titulada "Johann Kaspar Thürriegl-Marsches".

El monumento se debe a la iniciativa de la Asociación Cultural J.K. Thürriegl de Gossersdorf, fundada en 2010 y presidida por el ya mencionado Fritz Fuchs, que ha hecho un importante esfuerzo para reunir el dinero para costearlo. Una labor en la que se puso tanto interés que algunas instituciones y organismos acabaron animándose también a colaborar, como es el caso de la Fundación Cultural de la Spar Kasse.

A pesar de que en un principio se consideró la posibilidad de ubicar la escultura en las proximidades del templo parroquial, finalmente triunfó la opción de colocarla en la plaza principal. Obra del escultor Leopold Deser, está realizada en granito de dos colores (azul por Baviera y amarillo por España) e incluye varias inscripciones alusivas a Thürriegel. Como curiosidad, se ha incluido una palmera que representa el Sur de Europa; pues no en vano el bávaro incluyó en sus panfletos destinados a reclutar colonos para Sierra Morena alguna referencia a las palmeras existentes en España.


Nota: Agradezco a Albert Alonso y a Werner Wittig el haberme facilitado la información relativa a este evento. La imagen procede del Landkreis Straubing-Bogen de 2 de agosto de 2011.

viernes, 12 de agosto de 2011

El subdelegado Antonio Chorot


En nuestros días, el nombre Antonio Chorot no sugiere nada a la mayor parte de los vecinos de La Carlota; que desconocen que éste fue el último subdelegado de las Nuevas Poblaciones de Andalucía y, más aún, que algunos de sus descendientes aún viven en nuestra localidad.

Antonio Francisco Chorot de Hoyos, que solía firmar como Antonio de los Hoyos Chorot, nació en Alicante el 12 de junio de 1771 en el seno del matrimonio conformado por Francisco Chorot, natural de Caravaca (Murcia), y de Mariana Hoyos de San Juan, también natural de Alicante. Cuando contaba con dos años y medio de edad, probablemente tras ser nombrado su progenitor administrador de las rentas estancadas de La Rambla, su familia se trasladó a esta ciudad cordobesa.

Concluida la correspondiente instrucción primaria, sabemos que estudió Latinidad, Geografía, Historia y Economía Política en la ciudad de Écija (Sevilla); lo cual, sumado a la colaboración que prestaría a su padre en sus ocupaciones laborales, le posibilitó el sucederle en el cargo en virtud de real orden de 24 de febrero de 1792. Aún más, en enero de 1807 se le encomendó, además, la administración de rentas provinciales.

En enero de 1812 tuvo lugar en La Rambla la primera elección popular de cargos gubernativos locales en tiempos del gobierno francés, siendo electo corregidor Antonio Chorot; pero el prefecto de Córdoba no aprobó esta elección, una decisión para la que fueron determinantes los manejos de Antonio Morales (antiguo alcalde mayor de la villa, y que había perdido esas mismas elecciones), por considerarse incompatible aquel cargo con su empleo de administrador; y ello tendría lugar aún a pesar de que nuestro biografiado expuso al prefecto antecedentes legales que lo permitían.

Pero el infortunio no quedó ahí. La implantación del gobierno constitucional gaditano supuso, por nuevas artimañas del mencionado Morales, el que no se le rehabilitase en su cargo; quedando, por tanto, suspenso de su destino en noviembre de 1812. Ni que decir tiene que Chorot protestaría ante el gobierno, logrando finalmente su rehabilitación en virtud de real orden de la Regencia del Reino de 27 de marzo de 1814; pero al estar ya concedida en propiedad su plaza, quedó con las dos terceras partes de su sueldo sirviendo indistintamente en cuanto se le mandó.

En enero de 1817 se le concedió el empleo de administrador de rentas estancadas de la Puente de Don Gonzalo (una de las dos villas con las que en el siglo XIX se formó el actual municipio cordobés de Puente Genil). Durante el Trienio Constitucional fue nombrado por la Intendencia de Córdoba como comisionado del partido de La Carlota, llevando además la gestión en ella de los antiguos fondos pertenecientes a la Real Hacienda en las colonias.

Esa primera toma de contacto con la administración de nuestra localidad en 1820, le sería a Chorot de enorme utilidad en el futuro. Ahora bien, tres años más tarde, una vez concluido el sistema constitucional, fue repuesto en su antigua administración de La Rambla.

Aún así, sus méritos y capacidades le hicieron medrar muy pronto. Por real orden de 15 de julio de 1825 fue designado oficial 5º de la clase de terceros de la Dirección General de Rentas; y al año siguiente, por similar disposición fechada en 26 de julio, se le nombró subdelegado de las Nuevas Poblaciones de Andalucía.

Este último empleo lo ejercería hasta la supresión del sistema de gobierno foral en marzo 1835. Años en los que Chorot recorrió e inspeccionó sus treinta y cinco mil fanegas de tierra procurando mejoras en los terrenos, arreglos en las casas y aumento de los pozos; así como promoviendo, a través de las juntas de fomento de plantíos, el descuaje y plantación de más de ochenta fanegas de vides y unas trescientas de olivos y toda clase de frutales.

De su valía también nos habla otro hecho significativo. Frente al caso de La Carolina, donde al intendente Pedro Polo de Alcocer se le apartó de manera definitiva de las labores de gobierno y administración de las colonias de Sierra Morena, la necesidad de gestionar eficazmente la transición de las nuevas colonias de Andalucía al régimen ordinario, dando cumplimiento al decreto de derogación del Fuero, llevó a que el gobernador civil de Córdoba nombrase a Chorot el 15 de marzo de 1835 como Administrador Central Interino de las emplazadas en la provincia de Córdoba; una comisión que ejercería durante tres años. Una vez concluida, decidió permanecer en La Carlota en compañía de su familia, falleciendo en esta colonia el 19 de diciembre de 1848.

En lo que respecta a su vida personal, nuestro biografiado contrajo matrimonio en dos ocasiones: la primera con Gertrudis Moreno del Valle y la segunda con Isabel de Gálvez y Navarrete; ambas naturales de La Rambla. Enlaces que le proporcionaron un hijo y varias hijas que, merced sobre todo a unas buenas alianzas matrimoniales, hicieron posible que entre sus descendientes podamos contar a destacados políticos de ámbito local, regional e incluso nacional. Entre ellos podemos señalar, a modo de ejemplo, el caso de uno de sus nietos; el cual nos interesa especialmente por ser natural de La Carlota. Antonio Fernández Chorot, nacido en nuestra localidad el 19 de julio de 1830, cuenta con el honor de haber sido el único vecino de nuestro pueblo que ha ocupado, hasta la fecha, un escaño de diputado en las Cortes españolas (concretamente entre 1879 y 1881).


Fuente: Adolfo HAMER, "El subdelegado Antonio Chorot", La Crónica de La Carlota, nº 94 (julio de 2011), p. 16; y nº 95 (agosto de 2011), p. 12.

miércoles, 10 de agosto de 2011

El primer Capellán Mayor de La Carlota


A pesar de que se tuvo que recurrir a la solución puntual de que el vicario de La Rambla administrase los sacramentos en La Carlota en sus primeros meses de existencia, lo cierto es que las gestiones encaminadas a conseguir religiosos para todas las colonias no dejaron, por ello, de ser muy intensas. Se buscaban tanto capellanes extranjeros (que, lamentablemente, tardarían aún muchos meses en llegar y, una vez aquí, darían no pocos problemas a la administración neopoblacional) como sacerdotes españoles con conocimientos, al menos, de la lengua francesa.

En este contexto, el cura de un pequeño pueblo del arzobispado de Toledo, llamado Valdeaveruelo (Guadalajara), se mostró a juicio de Olavide como el más indicado para encargarse de la capellanía mayor de La Carlota; y eso a pesar de que no hablaba alemán y de que sólo sabía un poco de francés. Nos referimos a José Lázaro Sánchez Rubio, el cual aceptó sin mayor problema el cargo y se puso en marcha hacia nuestra localidad el 19 de enero de 1769. De este modo, él sería el primer capellán mayor y vicario general de las Nuevas Poblaciones de Andalucía tras ser nombrado como tal el 7 de febrero de 1769; cuando contaba con treinta y siete años.

Este eclesiástico tuvo, sin duda, que ejercer su ministerio en una etapa muy compleja: los difíciles años de la puesta en marcha de las colonias. Tal vez el problema más grave fue que la edificación de las iglesias y la provisión de objetos y enseres de culto no se pudo hacer con la rapidez que hubiera sido de desear; viéndose obligados, tanto los ministros como los fieles, a hacer uso durante muchos meses de altares portátiles.

En cualquier caso, las dificultades se superaron y Sánchez Rubio continuó ejerciendo su ministerio con total normalidad hasta que su falta de salud se lo impidió. En 1778, el obispo de Córdoba, Baltasar de Yusta y Navarro, le concedió licencia para retirarse; siendo sustituido interinamente en la vicaría general por Marcos Hornillo, religioso secularizado de la orden de la Santa Trinidad calzada. No obstante, a pesar de haber estado haciendo acto de presencia en La Carlota desde el mismo mes de su fundación (mayo de 1768), a este último no se le consideró candidato idóneo para proveer en propiedad la capellanía mayor; tal vez porque, a pesar de estar ya corregido y enmendado, había sido condenado por el Tribunal Eclesiástico de Córdoba por una causa de incontinencia.

Todo apunta a que Sánchez Rubio falleció en 1779, con lo que se procedió entonces a nombrar a su sucesor. De este modo, el 16 de octubre de ese año se libró título de vicario y cura a Santiago Didier, quien hasta entonces había desempeñado el cargo de capellán principal de Fuente Palmera.


Fuente: Adolfo HAMER, "La llegada del primer Vicario General", La Crónica de La Carlota, nº 87 (diciembre de 2010), p. 11.

martes, 9 de agosto de 2011

En busca de curas alemanes


Las Nuevas Poblaciones fueron establecidas, como es de sobra conocido, durante el reinado de Carlos III empleando como colonos a familias procedentes de Centroeuropa; de ahí que sus lenguas maternas fueran el alemán, el francés y, en menor medida, el italiano. Una realidad que causó no pocos quebraderos de cabeza para la administración española, básicamente por las dificultades existentes en la época para encontrar traductores y, sobre todo, religiosos que dominasen estas lenguas. Ciertamente, era algo más fácil con el caso del francés –no en vano era la lengua de moda de la Europa del siglo XVIII- , pero con el alemán la situación se hacía especialmente complicada.

Precisamente fue en temas relacionados con la fe donde mayores problemas se evidenciaron desde un principio. Los colonos se quejaban de que no podían ni casarse ni confesarse ni recibir otros sacramentos por no disponer de un párroco de su idioma.

Un problema que, durante unos días, tuvo visos de haberse solucionado satisfactoriamente, y muy pronto, para el caso de La Carlota. Los primeros colonos habían empezado a llegar en octubre de 1768 y ya a mediados de noviembre, Olavide informó a Fernando de Quintanilla de que contaban con un capellán que dominaba la lengua alemana; el cual estaría a punto de llegar a nuestra localidad, si es que no lo había hecho ya. El elegido era fray Mauricio Hogan, capellán del regimiento de infantería de Ultonia; el cual hasta entonces había desempeñado su ministerio en Cádiz.

Este religioso había puesto, a comienzos de ese mismo mes, algunas condiciones para aceptar el nuevo destino; y todo apunta a que se accedió a sus demandas. Básicamente consistieron en disponer de un caballo por las considerables distancias que habría de recorrer en La Carlota, en ser sustituido en caso de enfermedad, en que se le conservase el sueldo completo en caso de enfermar y en una asignación de 360 reales mensuales y un pedazo de tierra que le sirviera de huerto.

No obstante, todo el gozo inicial pronto se tornó decepción. Desconocemos qué ocurrió –tal vez fray Mauricio falleciera- , pero sólo unos días después Olavide se lamentaba porque no se podría contar con este capellán para La Carlota. Así pues, y en vista de que la localización de otro religioso no sería rápida, se optó por recurrir a que el obispo de Córdoba autorizase al vicario de La Rambla a efectuar matrimonios en La Carlota valiéndose de un intérprete.


Fuente: Adolfo HAMER, "Una solución provisional para los colonos", La Crónica de La Carlota, nº 86 (noviembre de 2010), p. 12.

lunes, 8 de agosto de 2011

La constancia de un amante


Al igual que ocurre en nuestros días, antaño también era del gusto de los lectores de periódicos y revistas todo un elenco de noticias que iban desde escabrosos crímenes, que en no pocas ocasiones eran tratados con una minuciosidad tal que hoy casi nos escandalizaría, hasta los más amables cotilleos y demás crónicas sociales. Temáticas en las que nuestro municipio también proporcionó sucesos que se plasmaron en distintas rotativas. Veamos uno de esos ejemplos.

Allá por mediados del siglo XIX, un matrimonio celebrado en La Carlota alcanzó notable notoriedad tras ser mencionado en un artículo reproducido en varios periódicos de la geografía nacional tales como el Diario de Sevilla o El Clamor Público.

Ahora bien, aunque se ofrecieron bastantes datos de los contrayentes, se omitió entonces su identidad; algo que suponemos que se hizo tanto para proteger la intimidad de los protagonistas como por el simple hecho de que el objeto fundamental de la noticia eran las circunstancias en las que se había producido dicho enlace. En nuestros días, en cambio, es fácil conocer sus nombres; especialmente porque sólo se realizó una unión eclesiástica en nuestra localidad aquel 9 de octubre de 1848, el de Diego Antonio Carmona con María Antonia Manuela del Valle Rider.

Diego, aunque nacido en Fernán Núñez en 1815, estaba avecindado en La Carlota desde su infancia, y residía con sus padres, Diego Carmona y María Moreno, en la calle Osario (actual calle Severo Ochoa). Por su parte, María Antonia había nacido en nuestra localidad el 25 de diciembre de 1815, en el seno del matrimonio conformado por José del Valle Muriana y Joaquina Rider Sánchez; naturales de Aguilar y San Sebastián de los Ballesteros, respectivamente, y domiciliados en el barrio del Perchel (en las proximidades de la actual calle Juan Jiménez Rojas).

Pero entremos de lleno en la historia que aquí nos ocupa. A los dieciocho años, es decir, en torno a 1833, María Antonia enfermó y, en medio de unos fuertes dolores, quedó ciega. Cuando esto tuvo lugar, la jovencita ya estaba en relaciones amorosas con Diego, el cual incluso ya le había dado palabra de casamiento; una decisión que no cambió ante las nuevas circunstancias. Al contrario, éste, animado por el amor que le profesaba, por la belleza de la joven y por el deseo de cumplir su palabra decidió pedirla en matrimonio a sus padres; una propuesta que estos rechazaron al considerar que la situación de su hija hacía descabellada la idea de un casamiento.

No obstante, Diego no cejó en su empeño, e insistió reiteradamente. Finalmente, logró depositarla en la casa de un honrado vecino de la localidad, donde permaneció hasta el día de la boda.


Fuente: Adolfo HAMER, "La constancia de un amante", La Crónica de La Carlota, nº 83 (agosto de 2010), p. 12.

domingo, 7 de agosto de 2011

El asentista que quiso ser colono


Aunque, sin duda, es mucho menos conocido que Thürriegel, hubo un segundo asentista encargado de reclutar colonos centroeuropeos para las Nuevas Poblaciones; nos referimos a Joseph Anton Johann Jauch, miembro de una de las familias más importantes del cantón suizo de Uri, y a quien Carlos III aprobó el 20 de mayo de 1768 una contrata para introducir en España cien familias suizas. Jauch tenía como aval una trayectoria intachable al servicio de la Corona española, ya que había servido durante diecinueve años como capitán del regimiento suizo de Besler.

Es más, a diferencia del referido Thürriegel, para quien sus colonos representaban sobre todo una ganancia económica, éste se preocupó especialmente por los suyos. Varios elementos lo prueban: acompañó personalmente a la primera remesa, quiso que dispusieran de un médico en su nuevo hogar, les dejó un empleado de su confianza para que velara por ellos e, incluso, parece que consideró la posibilidad de radicarse en las colonias. Pero no adelantemos acontecimientos.

El 23 de octubre de 1768 embarcaron, junto al asentista, en el puerto de Génova un total de 62 colonos suizos en el paquebot inglés “El Carnavales”. Éste arribó a Almería el 8 de diciembre, siendo desembarcados sus tripulantes en la tarde de ese mismo día; procediéndose también a dar sepultura al que por desgracia había fallecido durante la travesía.

La revista de los colonos tuvo lugar dos días después, siendo rechazados por el comisionado Lorenzo Tabares sólo tres de ellos. Quedaron, de este modo, un total de cincuenta y ocho individuos admitidos, que pronto se pusieron en marcha hacia las nuevas colonias.

El día veintiséis, Jauch llegó a La Carlota con los primeros 52 colonos de su contrata, ya que tres se habían quedado enfermos en el camino, dos habían fallecido y otro estaba “extraviado”. Entre ellos venían un médico y un secretario que el asentista no quiso que se quedasen en la clase de colonos, sino destinados a auxiliarlos en lo que necesitasen. Quintanilla decidió que esta remesa saldría al día siguiente con destino a La Luisiana, y en cuanto al médico pensó en enviarlo a Fuente Palmera ya que hablaba bien el italiano. No obstante, parece que Jauch insistió en que el médico acompañase a sus colonos, por lo que éste se establecería en La Luisiana durante tres meses a su costa; pasando posteriormente a Guarromán.

Por otro lado, al suizo no debió parecerle tan mala, en un primer momento, la situación de las colonias, ya que pidió a Olavide poder escoger una suerte para él mismo con objeto de asentarse como colono. El superintendente accedió y él la tomó, colocando en ella a un hombre de su confianza. Lamentablemente, desconocemos a ciencia cierta cuál fue ese lote de tierra. Todo parece apuntar a que ese individuo debió ser su secretario don Federico, cuyo principal cometido en las colonias era el de servir de intérprete a los suizos y el de proporcionarles consuelo; tal vez el Federico Haumber a quien se entregó la suerte 253 del 4º Departamento de La Carlota.


Fuente: Adolfo HAMER, "El asentista que quiso ser colono", La Crónica de La Carlota, nº 84 (septiembre de 2010), p. 12.

sábado, 6 de agosto de 2011

El subdelegado Manuel de Sousa


Abolida la Constitución de Cádiz por Fernando VII en 1814, las Nuevas Poblaciones volvieron a regirse por el régimen foral establecido en la Real Cédula y Fuero de Instrucción de 1767; lo que implicó la reposición de antiguos empleados y el nombramiento de otros nuevos para cubrir las vacantes. Este último sería el caso tanto del intendente como de su subdelegado en La Carlota.

Pedro Matías Polo de Alcocer sería el elegido para hacerse cargo de la Intendencia, mientras que la Subdelegación sería provista en la persona de Manuel de Sousa. Éste era natural de Segura de León (Badajoz), e hijo de Gonzalo de Sousa y de Antonia Sanz Borrego. Había sido guardia de las Reales Guardias del rey durante veintiún años, alcanzando en ellas el grado de brigadier. En enero de 1815 solicitó a Fernando VII el empleo de subdelegado de las Nuevas Poblaciones de Andalucía, que, como hemos indicado, se hallaba vacante, siéndole concedido por decreto especial fechado en 18 de ese mismo mes. Así pues, desde entonces, y hasta su fallecimiento, desempeñaría este cargo, que se vería reforzado con su nombramiento como intendente honorario de provincia en 1816; con la única excepción del periodo comprendido entre 1820 y 1823, en que se suprimió la Intendencia de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía.

Aún así, durante el Trienio Liberal siguió ligado a las colonias, como lo demuestra el hecho de haber sido incluso nombrado alcalde constitucional de La Carlota en 1821. Como el mismo Sousa reconocería más tarde, manejó hábilmente durante esta etapa las elecciones municipales a fin de que las corporaciones sólo estuvieran integradas por “serviles”; una realidad que le granjeó no pocos problemas, dándose el caso de que el propio Rafael del Riego, por aquel entonces presidente de las Cortes Generales, acudió a nuestra localidad para poner fin a la situación.

La visita obligó a Sousa, según sus propias palabras, a “huir por los montes por no ser fusilado”; mientras que Riego y unos secularizados, reunidos en un salón del Palacio de la Subdelegación, “insultaron su persona”.

En junio de 1823, repuesto el poder absoluto de Fernando VII por la Santa Alianza, Sousa fue reintegrado en su cargo de subdelegado de las Nuevas Poblaciones de Andalucía; y en él continuaría hasta su muerte, acaecida en nuestra localidad el 16 de abril de 1826. La vacante sería provista interinamente por el contador Mariano Fernández, y en propiedad, al año siguiente, por Antonio Francisco de Hoyos Chorot.


Fuente: Adolfo HAMER, "Los convulsos inicios del siglo XIX", La Crónica de La Carlota, nº 88 (enero de 2011), p. 13.

El asentista Joseph Anton Jauch


Aunque no pocos historiadores, siguiendo las afirmaciones de Pablo de Olavide, han sostenido que el asentista Joseph Anton Johann Jauch, originario del cantón helvético de Uri, se dedicó a partir de marzo de 1769 a atacar a las nuevas poblaciones, lo cierto es que esto no puede afirmarse tan alegremente.

En nuestra opinión, Jauch lo que verdaderamente atacó fue el modo desordenado en que se estaba llevando a cabo el establecimiento de los colonos. Probablemente, él pudo ver en directo que aunque las circunstancias obligaban a los nuevos pobladores a soportar ciertas incomodidades, había cuestiones que eran de fácil resolución y no apreció un verdadero interés por solucionarlas con prontitud. Especialmente, todo lo relacionado con el pasto espiritual a los extranjeros y con la asistencia hospitalaria.

Jauch conocía las dificultades para conseguir sacerdotes alemanes ya que el propio Olavide le llegó a encargar, aunque poco después anuló la petición, que gestionara en Suiza el envío de curas alemanes a las colonias. Pero quizá a él, como a nosotros, le asaltara la duda de ¿por qué no se pudo destinar a las colonias de Andalucía, ni siquiera unas semanas, a alguno de los capellanes alemanes destinados a Sierra Morena?

Por ello, el asentista decidió elevar al rey el 14 de marzo de 1769 un extenso informe con numerosas quejas y denuncias. Entre otros, indicaba que los colonos eran trasladados a otras tierras montuosas, cuando ya habían desmontado las que se les asignaron primero, para colocar en ellas a españoles; que tenían problemas para confesarse, debiendo acudir a Écija a hacerlo con intérprete; y que carecían de hospitales, teniendo que ir también a la vecina ciudad a recibir asistencia hospitalaria.

No obstante, una petición elevada con buenas intenciones dio lugar a una visita de inspección a las nuevas colonias que causó unos perjuicios muy notables. El visitador, que fue el consejero de Castilla Pedro José Pérez Valiente, empeoró aún más la situación; quizá buscando la desaparición completa de la empresa neopoblacional, de la que él no era partidario.

Ahora bien, a pesar de todo, Jauch se mostró dispuesto a cumplir su palabra. No le gustó la enorme imprevisión que pudo ver en las colonias, ya que buena parte de las infraestructuras y equipamientos no se habían ejecutado, pero, aún así, a partir de junio de 1769 siguió aportando colonos a las nuevas poblaciones hasta completar en septiembre todas las familias de su contrata.


Fuente: Adolfo HAMER, "Contra la imprevisión en las colonias", La Crónica de La Carlota, nº 89 (febrero de 2011), p. 14.


El médico José Lázaro Civill


A pesar de que su nombre se vincula hoy, sobre todo, al Centro de Mayores de La Carlota, lo cierto es que son muchísimos los vecinos de nuestra localidad que aún recuerdan a José Lázaro Civill como el médico que ejerció en nuestro pueblo durante más de dos décadas allá por el tercer cuarto del pasado siglo XX. Una realidad que no impide que, a la vez, sea para muchísimos carloteños un gran desconocido. Precisamente por ello, y gracias a la información incluida en un interesante estudio biográfico realizado por Alfonso Polo Alfaro (cuñado de José Lázaro), ofreceremos algunas pinceladas sobre su trayectoria biográfica.

Hijo del zaragozano Felipe Lázaro Dehesa, capitán del Real Cuerpo de la Armada de Caballería (y que alcanzaría el grado de general de brigada honorífico) y de la barcelonesa Antonia Magdalena Pía Civill Urpí, nació en Barcelona el 23 de diciembre de 1908. La profesión de militar de su padre, llevaría a la familia a tener que trasladar su domicilio a varios puntos de la geografía nacional (Melilla, Villafranca del Penedés y Zaragoza) durante la niñez y juventud de José Lázaro.

En 1917, ya en Zaragoza, nuestro biografiado acudiría al Colegio de El Pilar de los Hermanos Maristas. Su madre fallecería en 1919 de un coma diabético cuando sólo contaba con once años; precisamente el mismo año en el que acabó sus estudios primarios y superó las pruebas de ingreso en el Instituto General y Técnico de Zaragoza. Allí hizo sus primeros años de Bachillerato, trasladándose en 1922 al Instituto General y Técnico de Córdoba; donde acabaría dichos estudios en julio de 1925.

En 1927, al jubilarse su padre, y tras haber realizado el Curso Preparatorio en la Facultad de Medicina de Cádiz, se trasladó a Madrid donde se matriculó en la Facultad de Medicina de la Universidad Central; licenciándose en Medicina y Cirugía en 1932.

Sus primeros destinos lo llevarían en 1934 a ser médico titular, primero, de Huerto de Valdecarábanos y, después, de Seseña; ambos municipios localizados en Toledo. Pero sólo unos meses más tarde, el Gobierno de la República Española lo nombró médico de los Servicios de Intervención del Protectorado Español de Marruecos; donde ejercería distintos puestos y responsabilidades hasta 1940. En este último año, tras haberse resentido su salud por exceso de trabajo, solicitó su cese.

De vuelta en Madrid, preparó unas oposiciones de la Asistencia Pública Domiciliaria, obteniendo plaza en Adamuz (Córdoba); de la que tomó posesión en enero de 1941. En este municipio permaneció hasta agosto de 1952, cuando consiguió plaza en La Carlota. En septiembre se posesionó como médico de familia de nuestra localidad y, en noviembre, como médico titular en propiedad. Este habría de ser su último destino, ya que aquí pasaría veintiséis años ejerciendo su profesión; hasta que se jubiló en diciembre de 1978, al cumplir los setenta años. Aún así, el amor a su trabajo lo llevaría a ejercer todavía once años más en su domicilio particular de Córdoba.

Asimismo, también en nuestro pueblo conocería a la que sería su esposa, Fuensanta Polo Alfaro, con la que contrajo matrimonio en Córdoba en 1955. Aún más, aquí nacerían todos sus hijos, así como algunos de sus nietos.

José Lázaro falleció en Córdoba el 5 de enero de 1994, siendo enterrado en el cementerio de La Carlota; donde también descansan su padre y su hermana Rosina.

Fuente: Adolfo HAMER, "Una vida conservando la vida", La Crónica de La Carlota, nº 90 (marzo de 2011), p. 16.