domingo, 25 de septiembre de 2011

La tormenta de 1902


En el mundo agrícola, fenómenos como las sequías, las tormentas o las plagas han constituido siempre realidades a las que con mejor o peor ánimo, y con más o menos medios, hay que hacer frente. Entran, por tanto, dentro de los gajes del oficio del labrador; convirtiéndose en noticia, tanto hoy como ayer, sólo cuando alcanzan dimensiones notables.

Este fue el caso, precisamente, de una intensísima tormenta de granizo que tuvo lugar en La Carlota en 1902; y que afectó sobre todo a la zona Este y Norte del término municipal. A las cuatro de la tarde del día 7 de septiembre, los cielos de la colonia se mostraban cubiertos de nubes, anunciando lo que parecía que iba a ser una tormenta de verano más. Sin embargo, en lugar de gotas de agua, lo que el cielo arrojó fueron granizos de un tamaño muy considerable.

Como no podía ser de otro modo, y aunque por fortuna no hubo que lamentar heridos graves ni víctimas mortales, este tipo de precipitación sí produjo inmensos daños en las encinas, olivos y resto de árboles del término; al igual que en las viviendas y pertenencias de algunos vecinos.

Las pérdidas en la cosecha de aceite se calcularon en una octava parte. Sólo en el molino de Estepa se habían perdido dos mil fanegas de aceituna, mientras que en La Picada el destrozo fue muy sensible. Y todo ello sin tener en cuenta las mermas que éstas experimentarían también en los años siguientes por los daños en el olivar.

Al parecer, uno de los puntos en los que mayor virulencia mostró la tormenta fue en la aldea de El Garabato. Allí, por ejemplo, los granizos alcanzaron las seis onzas (unos 170 gramos) y cubrieron hasta cuatro dedos de altura. Además, contamos con varios episodios relacionados con lo que vivieron algunos de sus habitantes aquella tarde.

El granizo horadó el techo de la casa y los graneros de Juan Wic, aunque éste pudo resguardar a tiempo a sus hijos bajo una gran artesa, que evitó que los pequeños sufrieran las embestidas de las bolas de hielo. Por otro lado, el casero de don Rafael Márquez estaba esa tarde ocupado en el traslado de un cerdo cuando uno de los granizos partió la columna vertebral al animal; dejándolo para el saladero. Ni que decir tiene que este hombre huyó espantado buscando dónde resguardarse para evitar una suerte similar. Finalmente, nos consta que un hortelano fue tumbado en tierra y no pudo levantarse, por más intentos que hizo, hasta que la granizada cesó.

Por otro lado, y como si no fuera suficiente todo lo ya relacionado, aquella tormenta de 1902 vino acompañada también de un intenso aparato eléctrico; que se hizo sentir en otras zonas del pueblo. En Las Pinedas cayeron tres rayos, uno de ellos en una estaca que desapareció por completo a consecuencia de ello.


Fuente: Adolfo HAMER, "La tormenta de 1902", La Crónica de La Carlota, nº 96 (septiembre de 2011), p. 12.