viernes, 20 de julio de 2012

La Casa de la Subdelegación de las Nuevas Poblaciones de Andalucía


No pocas personas se sorprenden de que en La Carlota el edificio destinado a albergar las oficinas de la administración neopoblacional, y a servir de residencia para el subdelegado, no se localice, como en las restantes nuevas poblaciones, en la plaza principal de la colonia; ya que el Palacio de la Subdelegación (actual Ayuntamiento) se emplaza junto al camino real.

Ahora bien, esta creencia no es del todo correcta, ya dichas oficinas estuvieron ubicadas en un primer momento en la plaza de la Iglesia. Tanto es así que se trató de una de las primeras construcciones de la localidad. En la segunda mitad del año 1768 se levantó una casa de dos plantas justo en uno de los laterales del solar donde se empezaría a construir poco después la iglesia. Su coste se ajustó en 14.000 reales, una cifra considerable si tenemos en cuenta que las casas de los colonos se estaban edificando por menos de un tercio de esa cantidad.

Las obras avanzaron a buen ritmo, de tal modo que el subdelegado Fernando de Quintanilla comenzó a habitarla en diciembre de ese mismo año 1768. Hasta entonces había residido provisionalmente en la hacienda jesuítica de San Sebastián de los Ballesteros. Tanto en una como en otra se alojaría Pablo de Olavide durante sus estancias en estas nuevas poblaciones.

Ahora bien, sus dimensiones, aunque importantes, desde un primer momento se mostraron insuficientes para las necesidades administrativas de las colonias de Andalucía; no en vano, las oficinas de la Contaduría tuvieron que buscar acomodo desde un primer momento en otra casa situada en la misma plaza.

Se hizo necesario, por tanto, emprender la construcción de un edificio más amplio; el cual parece que se inició no muchos meses después, lo que permitiría el traslado de las oficinas antes de que acabara la década de los años setenta del siglo XVIII.

Este nuevo inmueble, concebido con unas dimensiones muy considerables y que guarda un enorme parecido con el palacio que Quintanilla se construyó por aquellos mismos años en su Lora del Río natal, resolvió los problemas de espacio, al hacer posible que en su planta baja se ubicara toda la administración que dirigía las Nuevas Poblaciones de Andalucía y su la planta alta residiera el subdelegado de turno con sus familiares.

Perdida su función originaria, la Casa de la Subdelegación quedó en las décadas siguientes como residencia de distintos empleados neopoblacionales, tanto civiles como eclesiásticos. Una vez abolido el régimen foral, pasó a pertenecer al Estado; el cual, la arrendó durante décadas y la acabaría desamortizando en 1859, siendo desde entonces de propiedad privada.


Fuente: Adolfo HAMER, “La Casa de la Subdelegación”, La Crónica de La Carlota, nº 104 (junio de 2012), p. 15.